Llegamos al cierre de esta mini-serie sobre Rodeado de idiotas de Thomas Erikson. En la Parte 1 os presenté los cuatro perfiles, en la Parte 2 vimos cómo usarlos para relacionarnos mejor con los demás. Ahora toca lo que más nos removió (y a veces nos costó) en el club de lectura: descubrir nuestro propio color… o, mejor dicho, nuestra mezcla.
Porque aquí está la clave: nadie es un color puro. Casi todas somos una combinación de dos o incluso tres colores: uno dominante que marca nuestro estilo habitual y otros secundarios que salen según el contexto. Y esto explica por qué identificarnos no siempre es tan fácil como parece.
En el club pasó de todo: algunas ya habíamos hecho el test oficial (o similares) y sabíamos nuestro resultado principal, pero aun así nos costaba reconocer ciertas “sombras” o matices. Otras, que no lo habían hecho nunca, tardaron bastante en decidirse por un dominante… y al final todas coincidimos en que éramos mezclas. ¡Claro! Si fuéramos puro rojo, amarillo, verde o azul, sería facilísimo. Pero la realidad es más compleja y rica.
¿Cómo descubrir tu perfil (o mezcla)?
Erikson propone preguntas sencillas pero potentes que nos ayudaron mucho a aclararnos. Aquí van algunas de las que más debatimos:
- ¿Cómo tomas decisiones habitualmente? → Rápido, decidido y sin mirar atrás (rojo) → Con entusiasmo, intuición y visión global (amarillo) → Buscando el consenso y evitando conflictos (verde) → Analizando todos los datos posibles y con calma (azul)
- ¿Qué te motiva de verdad? → Lograr resultados rápidos y superar desafíos (rojo) → Recibir reconocimiento, divertirte y conectar con gente (amarillo) → Mantener relaciones estables y ayudar a los demás (verde) → Hacer las cosas bien, con precisión y calidad (azul)
- ¿Qué te saca de quicio más fácilmente? → La lentitud, la indecisión y los rodeos (rojo) → La rutina, la crítica negativa y la falta de entusiasmo (amarillo) → Los conflictos, los cambios bruscos y la presión (verde) → El desorden, la improvisación y la falta de planificación (azul)
- Bajo estrés o presión, ¿cómo sueles reaccionar? → Me pongo mandona e impaciente (rojo) → Hablo más, busco distracción o trato de animar al resto (amarillo) → Me cierro, evito el enfrentamiento y espero que pase (verde) → Me obsesiono con detalles y me aíslo para analizar (azul)
Una pista que Erikson repite y que duele reconocer: lo que más te molesta leer sobre “tu” color (sobre todo las partes negativas) suele ser lo que más te define. Porque nos toca la fibra sensible.

Las fortalezas y las sombras de cada color (mirándonos a nosotras mismas)
El modelo no nos juzga: simplemente nos muestra que nuestras mayores virtudes tienen su cara B.
🔴 Rojo Fortalezas: Determinación brutal, liderazgo natural, toma de decisiones rápida. Sombras: Puedes parecer dominante, impaciente o poco empático; a veces pisas sin darte cuenta.
🟡 Amarillo Fortalezas: Carisma magnético, creatividad, optimismo que contagia. Sombras: Dispersión, dificultad para terminar proyectos, hablar más que escuchar y tomar las críticas como algo personal.
🟢 Verde Fortalezas: Empatía profunda, lealtad inquebrantable, calma que sostiene al grupo. Sombras: Resistencia al cambio, dificultad para decir “no” o defender tu opinión, evitar conflictos aunque te afecten.
🔵 Azul Fortalezas: Precisión impecable, análisis profundo, compromiso con la calidad. Sombras: Perfeccionismo que paraliza, lentitud en decisiones, dificultad para delegar y aparente frialdad emocional.
Yo soy una mezcla clara de verde dominante + azul secundario (con un puntito amarillo en mis días más inspirados). Mi verde me hace priorizar la armonía; mi azul, buscar la forma “correcta” de hacer las cosas. ¿Lo bueno? Soy paciente, fiable y detallista. ¿Lo que me cuesta? Plantar cara cuando hace falta y no paralizarme esperando tener el 100% de la información.
En el datathon que os conté en la Parte 2 salió mi mezcla a la luz: analicé el problema (azul), pero no insistí para no generar tensión (verde). Ahora soy más consciente y practico “estirarme” hacia un toque de rojo cuando la situación lo pide: hablar claro y defender mi punto aunque haya un poco de fricción.

¿Para qué sirve todo este auto-descubrimiento?
- Aceptarte sin culpa: Tus “defectos” son la otra cara de tus mejores cualidades.
- Crecer intencionadamente: Compensar tus puntos ciegos. Una verde puede aprender a decir “no”; una azul, a decidir con información incompleta; una roja, a escuchar antes de imponer.
- Entender mejor tus roces con los demás: Muchas veces lo que más nos molesta de otros es lo que no hemos integrado de nosotros mismos.
Al final, el libro nos regaló muchas risas autocríticas y varias promesas de “la próxima vez lo haré distinto”. Y sobre todo, una sensación de ligereza: todos tenemos sombras, todos aportamos algo único y nadie es “idiota”… solo funciona de otra manera. ¿Y vosotros? ¿os habéis hecho el test o habéis identificado vuestra mezcla? ¿Cuál ha sido vuestro mayor “¡ay!” al reconoceros en algún color? ¿Os costó mucho decidir el dominante?


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