Según lo que explica Covey, diría que sinergizar no es solo trabajar en equipo o sumar esfuerzos. Es la magia que ocurre cuando las personas se juntan, escuchan sus diferencias y crean algo que ninguna podría haber logrado sola. Es como si, al unir fuerzas, desbloqueáramos un nivel de creatividad y conexión que transforma todo.
¿Qué es eso de sinergizar?
Covey lo pone de una forma que me encanta: la sinergia es cuando 1 + 1 no da 2, sino 11. Es el momento en que las ideas, talentos y perspectivas de diferentes personas se combinan para dar vida a algo nuevo y sorprendente. Pero no es tan simple como sentarse en una mesa y decir “venga, trabajemos juntos”. Sinergizar requiere valorar las diferencias, dejar el ego a un lado y confiar en que el otro tiene algo único que aportar. Porque, si lo piensas, ¿cuántas veces hemos creído que nuestra idea es la única válida? La sinergia nos invita a soltar esa necesidad de control y a abrirnos a lo que puede surgir cuando colaboramos de verdad.
Este hábito no está en el libro por casualidad. Viene justo después del Hábito 5, “Primero entender, después ser entendido”, y eso tiene todo el sentido del mundo. Para sinergizar, primero necesitas escuchar con empatía, comprender las necesidades y puntos de vista de los demás. Solo desde esa conexión genuina puedes crear algo que sea más que la suma de las partes.
¿Por qué no es tan fácil como suena?
Si la sinergia es tan poderosa, ¿por qué no la vemos todo el tiempo? Porque, para ser honestos, requiere esfuerzo. Primero, hay que dejar el ego en la puerta, y eso no es algo que nos salga de forma natural. A todos nos gusta que nos den la razón o que nuestra idea sea la que triunfe. Pero sinergizar significa aceptar que la mejor solución no siempre es la tuya, sino la que surge de combinar lo mejor de todos.
Otro desafío es que las diferencias, que son la base de la sinergia, a veces generan roces. Es más cómodo trabajar con gente que piensa como tú, pero Covey nos recuerda que la verdadera creatividad nace de la diversidad. Y para que esa diversidad funcione, hace falta confianza. Si no te sientes seguro compartiendo tus ideas (porque temes que se rían o las descarten), o si no confías en las intenciones de los demás, la sinergia no puede despegar. Por eso los hábitos anteriores, como el Hábito 4 (pensar en ganar-ganar) y el Hábito 5 (escuchar con empatía), son como los cimientos de este hábito.

¿Cómo empezar a sinergizar?
Vale, pero ¿cómo llevamos esto a la práctica? Aquí van algunas ideas que me han ayudado a poner la sinergia en marcha:
- Abraza las diferencias: La próxima vez que alguien piense distinto a ti, no lo veas como un obstáculo. Pregúntate: “¿Qué puedo aprender de esta perspectiva?”. Las diferencias son el ingrediente secreto de la sinergia.
- Crea un espacio para todos: Si quieres que las ideas fluyan, asegúrate de que cada persona se sienta escuchada. Evita interrumpir o juzgar de entrada. Una frase tan simple como “me gusta tu idea, ¿cómo podríamos desarrollarla?” puede abrir un mundo de posibilidades.
- Busca la tercera alternativa: Cuando hay un conflicto, no te quedes en “mi idea contra la tuya”. Pregunta: “¿Qué podríamos crear que sea mejor que las dos?”. Covey llama a esto la tercera alternativa, una solución que no es un compromiso, sino algo nuevo.
- Sé curioso y juega: La sinergia necesita creatividad, y la creatividad nace de la curiosidad. Haz preguntas, prueba ideas locas, y no tengas miedo de equivocarte. A veces, las mejores soluciones vienen de un “¿y si…?”.
La sinergia y la comunicación no violenta
Si has leído mis otros artículos, sabes que me apasiona la comunicación no violenta, y el Hábito 6 tiene mucho que ver con ella. Pero más que solo escuchar y conectar, sinergizar se trata de encontrar estrategias que satisfagan las necesidades de todas las partes. En la comunicación no violenta, siempre buscamos identificar qué necesita cada persona detrás de sus palabras o emociones. La sinergia lleva eso un paso más allá: una vez que entendemos esas necesidades, trabajamos juntos para crear soluciones que funcionen para todos.
Por ejemplo, imagina que estás discutiendo con un amigo sobre dónde ir de vacaciones. Tú quieres aventura, él quiere descansar. En lugar de pelear o ceder, sinergizan: escuchan lo que cada uno necesita y encuentran una solución, como un destino con caminatas cortas y una playa tranquila cerca. Nadie se sacrifica; ambos ganan porque crearon algo que satisface las necesidades de los dos.

La magia de sinergizar
Lo que más me gusta del Hábito 6 es que nos recuerda que no estamos solos. En un mundo donde a veces nos sentimos compitiendo con todos, la sinergia nos dice: “Oye, juntos podemos crear algo increíble”. No se trata solo de resultados; se trata de disfrutar el proceso, de sorprendernos con lo que surge cuando nos abrimos a los demás.
Así que, la próxima vez que estés en una reunión, en una discusión o en un proyecto, prueba a sinergizar. Pregúntate: “¿Cómo podemos tomar lo que cada uno trae y crear algo que nos deje con la boca abierta?”. Porque, al final, la sinergia no es solo un hábito; es una forma de vivir, de conectar y de hacer que la vida sea un poquito más mágica.


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