¿Y si pusieras atención en lo que sí puedes cambiar?
En la primera parte hablamos de qué significa ser proactivo: elegir tus respuestas según tus valores. Pero, ¿cómo lo hacemos en el día a día? Stephen Covey nos da una herramienta poderosa: los círculos de preocupación e influencia. Vamos a ver cómo usarlos para vivir con más calma y claridad.
Los círculos de preocupación e influencia
Piensa en dos círculos:
- El círculo de preocupación incluye todo lo que te inquieta: la economía, el cambio climático, lo que otros piensan de ti.
- El círculo de influencia, que está dentro, incluye lo que sí puedes controlar o influir: tus decisiones, tus hábitos, tu forma de ver las cosas.
Covey explica que las personas proactivas se enfocan en su círculo de influencia. Las reactivas, en cambio, se desgastan preocupándose por cosas que no pueden cambiar, y eso las frustra.

Un ejemplo práctico
Últimamente, con la economía tan revuelta, mucha gente está preocupada por sus inversiones. La bolsa sube y baja, y eso no lo controlamos. Pero sí podemos decidir qué hacer: dejar el dinero donde está, moverlo o vender. Esa elección está en nuestro círculo de influencia.
Más aún, podemos decidir cómo nos afecta. ¿Nos dejamos llevar por el miedo o elegimos actuar según lo que valoramos, como la seguridad o el crecimiento? Ser proactivo es decir: “No controlo la economía, pero sí cómo manejo esto”.
Equilibrio: Valores y necesidades
A veces, querer ser proactivo en todo puede agotarnos. Por eso, cuando una preocupación me da vueltas, me paro a pensar: ¿esto está conectado con mis valores? ¿Qué necesidad estoy intentando cubrir? ¿Y qué otras necesidades podría estar dejando de lado?
Por ejemplo, con las inversiones, puedo pasar horas estudiando la bolsa para sentir seguridad financiera. Pero si le dedico todo mi tiempo, quizá descuide otras cosas importantes, como estar con mi familia, mis amigas o cuidarme a mí misma. Eso cubre otras necesidades: conexión, cariño, salud mental.
Creo que la clave está en valorar qué implica darle más o menos peso a una preocupación. Así puedo tomar decisiones conscientes que me dejen en paz, alineadas con lo que de verdad me importa. Ser proactivo no es solo actuar, sino elegir con cuidado.
Incluso en lo imposible
Victor Frankl, del que hablamos antes, nos lo mostró: aunque no podía cambiar su realidad en los campos de concentración, sí podía decidir cómo vivirla. A veces, nuestro círculo de influencia es pequeño, pero siempre tenemos algo: nuestra actitud, nuestra forma de ver las cosas. Ahí está nuestra libertad.
Mi truco para empezar
Cuando leí este capítulo, quise organizar mis preocupaciones. Pensé en usar una pizarra para dibujar los círculos, pero como no tenía, cogí una hoja y unos post-its. Escribí cada preocupación y la puse en el círculo que le correspondía: influencia o preocupación. Ha sido muy útil para aclararme. Ahora los post-its y yo nos llevamos bien.
Este ejercicio me ayuda a ver qué puedo cambiar y qué no. Cuando me pillo dándole vueltas a algo fuera de mi control, me pregunto: “¿Qué puedo hacer dentro de mi círculo de influencia?”. Es una forma sencilla de ser más proactiva.
Tu turno
Ser proactivo no es fácil, porque tenemos muchas ideas arraigadas. Pero centrarnos en nuestro círculo de influencia nos da más libertad y calma, como dice Covey. Te invito a probar el ejercicio de los círculos: coge un papel, dibuja tus círculos y coloca tus preocupaciones. Luego, comparte en los comentarios una cosa que hayas puesto en tu círculo de influencia. Me encantará saber.
Si quieres seguir explorando los 7 hábitos, únete a nuestro club de lectura aquí. Estamos aprendiendo juntos, y sería genial contar contigo.
Para pensar: ¿Qué preocupación podrías mover a tu círculo de influencia esta semana? Cuéntamelo en los comentarios.


Deja una respuesta